Publica GRATIS en papel sin ceder tus derechos y sin compromisos de permanencia

Los cuatro primeros títulos de la PHANTOM COLLECTION

Los cuatro primeros títulos de la PHANTOM COLLECTION

Gracias al libro electrónico, hoy en día cualquier autor puede ver su obra publicada, pero no nos engañemos, todos los que hemos escrito algo queremos verlo también en un formato mucho más tangible, eso de los e-readers está muy bien, pero donde esté un libro publicado en papel, con cariño y buena calidad… que se quite todo lo demás. Pero no todos los autores tienen acceso a las grandes editoriales, y los que publican en las pequeñas, a menudo se ven obligados a financiar la edición, siendo que, además, en la mayoría de los casos, deben ceder los derechos de su obra. Pero eso tiene que cambiar, y para que cambie, nosotros hemos creado la PHANTOM COLLECTION, donde cualquier autor residente en España podrá publicar GRATIS en papel y sin ceder los derechos ni tener ningún compromiso de adquisición de su obra.

Rápido, sencillo, gratuito y sin ataduras de ningún tipo. ¿Aún te lo estás pensando?

A continuación os plasmo las CONDICIONES:

 

PUBLICA GRATIS EN PAPEL con nuestra editorial EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS

1.- No importa la longitud de tu obra siempre que tenga, al menos, 50 páginas.
2.- No nos cedes NUNCA los derechos de la obra que seguirán siendo tuyos.
3.- Una vez publicada y puesta a la venta, nos comprometemos a retirarla de nuestra tienda si nos lo pides. No te pediremos explicaciones.
4.- No pagas nada.
5.- No estás obligado a comprar ningún ejemplar de tu libro.
6.- No publicamos formato electrónico. Solo publicamos en papel.
7.- Si nos envías la obra maquetada en PDF formato A5 (opción recomendada), respetamos tu maquetación sin modificaciones.
8.- Si nos la envías sin maquetar, deberás hacerlo en formato word en un solo tipo de letra (arial o verdana) y nosotros maquetaremos en base a nuestros estándares para la colección.
9.- Si tienes alguna imagen para la portada, la usaremos adaptándola al formato de la colección.
10.- Si no tienes ninguna imagen para la portada, nos encargamos de todo en base a nuestros estándares.
11.- Todos los libros de esta colección se publicarán en formato 15×21

¿CÓMO FUNCIONA?

Solo para autores residentes en España.

Ten en cuenta que disponemos de otras fórmulas de publicación, pero esta es GRATIS.

1.- Nos envías la obra a autores@milibroenpapel.com indicando claramente que quieres publicarla GRATIS. Indícanos también tu nombre completo, domicilio, DNI y perfil de Facebook si lo tienes.
2.- Preparamos la edición en el formato de impresión bajo demanda (no requiere ISBN ni Depósito legal) y la ponemos a la venta en nuestra tienda de la web con un P.V.P. razonable que calculamos en función del paginado.
3.- Como autor, dispondrás de un código que te permitirá comprar ejemplares con un 25% de descuento, pero insistimos en que no tienes ninguna obligación de hacerlo. Los ejemplares adquiridos en tienda se te enviarán por correo, salvo que la compra sea de 10 ejemplares o más, en cuyo caso lo enviaremos por mensajero sin costes adicionales.
4.- Cada vez que otra persona compre un ejemplar de tu obra, nosotros imprimiremos dos ejemplares. Uno de ellos se le envía al comprador sin costes de envío (España peninsular). El otro se te reserva a ti. Cada 8 ejemplares vendidos, se te remitirán otros ocho sin coste alguno a tu domicilio. Con esos ejemplares podrás hacer lo que quieras; ponerlos a la venta por tu cuenta, regalarlos, usarlos en promoción, en presentaciones, etc.

PLAZOS

Nos comprometemos a tener el libro listo y a la venta en un plazo inferior a 30 días desde su recepción en nuestro correo.

OTRAS OPCIONES DE PUBLICACIÓN

Disponemos de distintas opciones de publicación a partir de 95 euros, ISBN y Depósito Legal incluidos, que puedes consultar en nuestra web.

PREGUNTAS FRECUENTES

1.- ¿Cuántas obras puede publicar un mismo autor? La colección está abierta a cualquier autor residente en España y NO ESTÁ LIMITADA A UNA SOLA OBRA POR AUTOR. Si tienes varias que quieras publicar, envíanoslas todas. No hay ninguna limitación.

2.- ¿Se pueden actualizar los contenidos una vez publicado el libro? – Es posible que después de haber enviado la obra, el autor quiera modificar su contenido, tal vez para incluir algunas correcciones, o incluso para ampliarla. No es ningún problema. La obra se podrá actualizar tantas veces como se quiera siempre que entre una actualización y la siguiente se hayan vendido, al menos, 8 ejemplares del libro.

3.- ¿Se puede volver a publicar la misma obra después de haber sido retirada? Una de las condiciones es la completa libertad que tiene el autor para retirar una obra de la tienda en cualquier momento, sin compromiso y sin tener que dar explicaciones del porqué. Ahora bien, la obra ya no volverá a poder incluirse en la colección salvo que haya un compromiso por parte del autor de adquirir al menos 8 ejemplares en el momento de la segunda publicación.

4.- ¿Un autor que ha retirado una obra puede publicar otra distinta? Si es la misma obra actualizada, tendríamos que aplicar el criterio del punto anterior, pero si es una obra completamente distinta, no hay ningún problema. No obstante, nos reservamos el derecho a dejar de admitir publicaciones de autores que constantemente retiren los contenidos aportados a la colección.

Puedo vivir sin agente literario

Puedo vivir sin agente literario

Cuando uno empieza a escribir y envía sus primeros originales a las grandes editoriales, ilusionado con ver publicada su obra, lo normal es que comiencen los primeros desengaños. No importa que nos digan que los grandes autores, ahora famosos, e incluso multimillonarios, pasaron por lo mismo. El segundo paso suele ser bajar el listón y enviar los originales a editoriales de segundo (e incluso tercer, cuarto…) nivel, con la esperanza de que sean menos exigentes o sean conscientes de su menor poder de negociación y acepten nuestra gran obra en su catálogo.
En esa segunda fase es fácil encontrar respuestas «positivas», y entrecomillo lo de «positivas» porque uno se alegra cuando le dicen que una editorial está interesada en la publicación de su libro. Claro que entonces vienen los nuevos desengaños cuando nos piden dinero por ello y, además, lo hacen de manera camuflada diciendo que ellos subvencionan la mitad de la inversión o cualquier otro cuento chino parecido, prometiendo enormes distribuciones internacionales (cuando dicen que van a publicar apenas 200 ejemplares o, en el mejor de los casos, 500).

Lo peor de todo es que, pese a que esas editoriales le piden dinero al autor, no por ello dejan de exigir la cesión de derechos, de manera que el autor paga por entregar la virginidad de su obra a un extraño. Resulta cuanto menos perverso.

Suele ser en ese punto cuando uno se plantea otra opción y piensa: «necesito un agente que defienda mis intereses».

La figura del agente se considera necesaria en el mundo editorial por varios motivos:

  1. Las editoriales los consideran un filtro previo y se evitan tener que procesar y tragarse miles de originales infumables. Si una obra viene «recomendada» por un agente, la cosa ya parece más seria. Al menos cuentan con que será algo bien escrito (incluso puede que ya en últimas fases de corrección y revisión), y hasta puede que ya lleve incorporadas algunas modificaciones en la trama sugeridas por el propio agente que conoce el mundo editorial, seguramente mejor que el autor, al menos en cuanto a los asuntos comerciales.
  2. El autor se desentiende de tener que enviar originales a las editoriales y recibir numerosas cartas de «siga intentándolo». En cierto modo el agente crea un estado de paz, aunque sea transitorio.
  3. Si finalmente se firma un contrato entre autor y editorial, este contrato estará revisado por el agente y, se supone que como el cliente es el autor y no la editorial, habrá defendido sus derechos. Incluso autores superventas como Stephen King recomiendan la figura del agente. Si no me equivoco, King tiene uno para el mercado norteamericano y otro para el mercado mundial que se encarga de vender los derechos para las traducciones.

Lógicamente, a cambio el agente cobra un porcentaje de los royalties y anticipos del autor. Desconozco si por la parte de la editorial hay alguno que cobre algo también en el supuesto de haber descubierto un Best-Seller. Si alguien conoce este punto me gustaría conocerlo.

¿Vale la pena entonces buscar un agente literario?

Creo que es una opción válida y no descartable de antemano. Yo mismo lo he estado buscando durante bastante tiempo y también he rechazado alguna aceptación.

Hay que tener en cuenta que al autor no le basta con contratar a un agente como quien contrata una póliza de seguros. El agente, como he dicho antes, ejerce de filtro para las editoriales y por lo tanto si lo que recibe no lo ve vendible entre las editoriales con las que trabaja (cada agente maneja un número limitado de editoriales), rechazará la propuesta. Sí, esto es algo que muchos autores no tienen en cuenta, uno no elige a su agente sino que su agente lo elige a él. Así de claro.

Recomiendo no enviar la obra a agentes que cobren por leer. Puede que sean buenos, pero uno nunca sabe por dónde le vienen las tortas.

Lo normal es actuar como con las editoriales, enviando un currículum, alguna sinopsis de la obra, una solicitud y unos primeros capítulos o fragmentos destacados. Solo si el agente muestra interés valdrá la pena enviarle los textos completos.

¿Puedo vivir sin agente literario?

Durante el tiempo en que estuve buscando agente recibí varias negativas; alguna de ellas de agentes que tenían su cupo de autores cubierto, otros que trabajaban solo con editoriales en las que no tenía cabida el género que yo escribo, y otros, como hacen algunas editoriales, dieron la callada por respuesta silbando entre dientes. ¡Pero también recibí respuestas positivas!

Cuando uno recibe una respuesta positiva de un agente, antes de firmar cualquier contrato de exclusiva, está en su derecho a pedir referencias, tales como autores publicados que formen parte de su cartera o editoriales donde será enviado el material. Ahí es donde me encontré con que no me ofrecían más de lo que yo podía conseguir por mi cuenta. Coincidió en el tiempo con mi rescisión de contrato con la editorial en la que hasta entonces publicaba mis obras y me planteé independizarme por completo. Evidentemente si no necesito negociar con editoriales porque me convierto en mi propio editor, la figura del agente deja de ser necesaria, al menos no de una manera continuada. Se puede pactar alguna cesión de derechos parcial para algo concreto (cosa que hice por ejemplo con mi novela Recuerdos para la Sensual Collection) y, por otra parte, seguir defendiendo uno sus propias obras.

Así que, no desaconsejo la figura del agente, pero tampoco afirmo que sea imprescindible, ni siquiera si se publica con una buena editorial. Hay autores que negocian por sí mismos los contratos con la editorial y se evitan los porcentajes del agente… cada caso es un mundo. Hoy por hoy, yo no tengo agente, aunque eso no me genera estrés porque ya no lo busco. Tampoco descarto hablar con alguno si contactan conmigo para pasarme una oferta; el mundo editorial se mueve y hay que estar atento a esos movimientos.

@lecturaderamon

@ramoncerda

 

Que no te obsesionen las florituras

Que no te obsesionen las florituras

Escribe como eres. Ya irás mejorando tu estilo con el tiempo.

«El lenguaje no está obligado a llevar permanentemente corbata y zapatos de cordones. El objetivo de la narrativa no es la corrección gramatical, sino poner cómodo al lector, contar una historia… y, dentro de lo posible, hacerle olvidar que está leyendo una historia».

Stephen King

Ya lo he dicho otras veces pero lo repito: nunca he soñado con ser un gran literato. Lo que quiero es escribir lo que me gusta y hacerlo de una manera sencilla, que resulte accesible al gran público que es el destinatario de mis obras. Un lenguaje sin excesivas florituras, contemporáneo, que enganche al lector en las interioridades de una trama interesante y que le mantenga entretenido a lo largo de la lectura. Para las florituras y el lenguaje rebuscado ya está la poesía —esto no es una crítica hacia la poesía, solo que dicho género acepta más la pomposidad, sin que por ello desmerezca el texto—. La prosa debería ser siempre natural, sobre todo en los diálogos, que han de resultar creíbles para el lector. Los personajes han de hablar como se habla en el día a día y no con palabras y expresiones complicadas, pomposas o falsamente castas, que solo existen en la literatura.

¿Soy por ello un sacrílego?

Sin duda más de uno me considerará de ese modo, pero es que personalmente no soporto que haya gente que se avergüence en público de que le gustan los novelistas comerciales contemporáneos, autores de superventas, que los lea en secreto y a escondidas, y que cuando habla de libros diga que lee a Platón y además le entusiasma. Yo no digo que no haya que leer a los clásicos, por supuesto que sí, pero ¿nos hemos de privar por ello de leer a los contemporáneos? ¿Nos hemos de esperar a que se conviertan en clásicos? No duraremos tantos años.

¿Eres de los que dice que solo lee a autores que llevan más de medio siglo muertos?

Es una frase más habitual de lo que parece, la he oído de varias bocas y la respeto, pero desde luego no comparto este prejuicio —porque se mire por donde se mire es un prejuicio— de darle más valor a las cosas porque sean viejas o porque sus autores estén muertos. ¿Quiere eso decir que cuando estaban vivos, esos mismos textos que ahora valen tanto no valían nada? En las distintas artes siempre pasan cosas así: Van Gogh no vendió un solo cuadro estando vivo, y quién sabe si hubiésemos leído la trilogía de Stieg Larsson de no haber fallecido joven; puede que, de no haber muerto, todavía estuviese intentando publicarla. Claro que muchos, después de haberla leído pensarán que no valía la pena haberlo hecho, pero sin duda ha sido un éxito comercial y ha gustado a mucha gente. Eso es indiscutible. ¿Valor literario? Mejor que opinen de ello los críticos.
Personalmente me parece un error, tanto defender lo clásico a ultranza como algo que es bueno sin duda alguna, como atacar lo contemporáneo afirmando que es malo de forma generalizada. Antes de seguir por estos derroteros deberíamos preguntarnos por esos conceptos tan sufridos: ¿qué significa bueno y qué quiere decir malo? ¿Quién decide esas calificaciones? Soy de los que piensa que los debería establecer el destinatario final que es quien compra y lee los libros, pero entonces… ¿cómo se explica que se critique tanto a los superventas y que en cambio los compre y los lea tanta gente?
Aquí, justo en este punto de la lectura, aparecerá el lector de turno —lo respeto— diciendo o pensando algo así como que, no porque un millón de personas hagan una misma barbaridad, deja de ser una barbaridad. Es cierto, y sería aplicable a muchas cosas, pero maticemos: ¿cuál es el objetivo de las novelas? Si partimos de la base de que una novela es una ficción que puede o no incluir hechos reales, de que su objetivo prioritario es el de entretener —como el cine— y divertir al lector, ¿qué objeto tiene aburrirle? Siguiendo con el cine como ejemplo, solo una minoría va a ver lo que se conoce como cine de autor, y la mayoría nos tragamos el cine comercial. Yo aseguro ante Dios, que ni todo el cine de autor es bueno, ni todo el cine comercial es malo, pero eso sí, normalmente me divierto más con el cine comercial. ¿Soy por ello un pecador? Posiblemente, pero cuán dulce y económico es a veces el pecado.

«Prefiero entretener a la gente con la esperanza de que aprendan algo que enseñarles con la esperanza de que se entretengan».

Walt Disney

Escribe como te sientas más a gusto. Tal vez seas de los que prefiere las florituras y la prosa más recargada; esa será tu decisión, pero si es así, hazlo porque te gusta, no porque creas, o alguien te haya dicho, que para ser novelista hay que hablar de manera rimbombante para que pocos sean los que te entiendan. Si lo haces porque en el fondo de tu ser se encuentra un sesudo literato que quiere aflorar a la superficie, adelante, ese puede que sea tu destino. ¿Por qué no?
Y por favor… que no te avergüence leer lo que te gusta. Yo no me escondo, ni forro las tapas con papel de periódico, cuando leo una novela de Stephen King, Dan Brown, Douglas Preston, Agatha Christie o John Katzenbach. Los leo porque me gusta cómo escriben y me da igual lo que los críticos digan de ellos. Para mí siempre será más válido mi criterio personal y la satisfacción que me aportan estos autores —y otros muchos que no he nombrado— que lo que se diga de ellos.

@lecturaderamon

@ramoncerda

Nunca dejes de escribir

Nunca dejes de escribir

Nunca dejes de escribir ni abandones porque parezca que la cosa no avance.

Te arrepentirás.

Lo dicho en un anterior artículo de este blog:

«Una sola golondrina no hace verano, como tampoco una sola novela hace novelista»

Si de verdad te sientes como un novelista, no dejes nunca de escribir, no permitas que un fracaso —si es que se puede considerar un fracaso no conseguir publicar un libro tal y como están las cosas actualmente en el mundo editorial— te impida seguir escribiendo.
Por circunstancias que no vienen al caso, desde que terminé mi novela El encantador de abejas, hasta que empecé con El príncipe de las moscas, transcurrieron siete largos años. Nunca me arrepentiré bastante del tiempo perdido en cuanto a escribir novelas se refiere. En ese tiempo, no obstante, escribí un libro de autoayuda titulado Pasión por la calidad, y un considerable número de artículos en mi blog: www.elblogderamon.com, pero mi principal vocación —la de novelista— quedó drásticamente interrumpida, cercenada, casi aniquilada definitivamente, entre otras cosas por un exceso de trabajo, o más bien por una falta de saber priorizar bien los asuntos. Craso error muy común.

Nunca dejes de escribir

Y para aprender a escribir no hay nada mejor que escribir y seguir escribiendo, además, claro está, de leer y seguir leyendo.
Que nunca debas arrepentirte por haber dejado de escribir. El tiempo solo transcurre en una dirección —salvo en las novelas de ciencia ficción— y nunca podemos recuperar el que ya ha pasado. Esto es aplicable a cualquier circunstancia de nuestra vida, pero aquí estamos hablando de escribir, así que, un día sin escribir es un día perdido.
A veces puede que pienses que no tienes nada que decir. Prueba a sentarte a escribir, quizás te sorprendas. Parte del proceso empieza estando predispuesto a la escritura. Como decía César Vallejo con humor:

«Mi madre me ajusta el cuello del abrigo no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar»

Yo solo puedo añadir que me arrepiento de no haber escrito más novelas durante ese tiempo, y por eso, me atrevo a aconsejarte que no te dejes llevar por las excusas —aunque sean buenas, que lo serán— a la hora de sentarte a escribir.

@lecturaderamon

@ramoncerda

Lenguaje sencillo no es sinónimo de escritura fácil

Lenguaje sencillo no es sinónimo de escritura fácil

Como en todo lo relativo a la escritura, tanto si hablamos de novelas como si se trata de otro tipo de libros o artículos, hay opiniones para todo, y todas deben aceptarse, aunque algunas, cargadas de prejuicios, son lanzadas sin tener en cuenta cosas importantes. Un lenguaje sencillo no es sinónimo de escritura fácil o de falta de vocabulario, a veces, para poder escribir un texto sin usar palabras rimbombantes o frases retorcidas, se tiene que hacer un mayor esfuerzo que para escribir directamente con cierto tipo de palabras, más de ir por casa.

Utilizar en cada párrafo varias palabras raras o poco usadas, vengan bien al texto o no, no es difícil si se tiene a mano un diccionario de sinónimos, lo cual demuestra también que un libro con muchas palabras complejas, no es sinónimo de que el autor disponga de una riqueza de lenguaje envidiable.

Entre las muchas opiniones y críticas recibidas por lectores de mis libros, hay bastantes que inciden en este punto. Lo curioso es que en unas se me pone por las nubes y en otras, poco menos que se dice que soy analfabeto. Por suerte son más las primeras que las últimas.

En cualquier caso, lo que defiendo yo, es que un libro, para que sea bueno y guste a los lectores, no necesita de un gran número de palabras extravagantes en su interior, ni de frases larguísimas y profundas (muy bien escritas) que muchos lectores tienen dificultad por entender. El autor, puesto a escribir y con todo el tiempo del mundo por delante, puede partir de una frase «normal» y complicarla todo lo que quiera dando muestras así de gran erudición y conocimientos filológicos e idiomáticos. Las preguntas que me planteo son:

¿Es eso necesario?, ¿de verdad muestra una mayor cultura del escritor?, ¿es eso lo que quieren los lectores?

Personalmente lo tengo claro, yo prefiero escribir con un lenguaje sencillo y fácil de leer, un lenguaje que «enganche» a mis lectores en la historia, y quiero también eso, contar una historia, porque muchos libros esconden tras un lenguaje rico y complejo, un contenido vacío en cuanto a historia y trama. Con ello no estoy criticando los libros ni a los autores que utilicen grandes palabras en cada frase, solo digo que si yo no las pongo no es porque no las haya escuchado nunca ni porque no sepa su significado, ni porque no tenga a mano un diccionario de sinónimos (que lo tengo), y repito: Escribir con lenguaje sencillo no es sinónimo de escritura fácil.

En cuanto a recomendaciones en este aspecto a otros escritores, la verdad es que no me atrevo a darlas, cada cual debe usar el lenguaje que crea más oportuno, solo aconsejo (si se me permite) que si se utiliza un lenguaje sesudo, exista un motivo más allá de querer dar la sensación de erudición.

Ramón Cerdá

Cómo autopublicar, no te dejes engañar por cierto tipo de editoriales

Cómo autopublicar, no te dejes engañar por cierto tipo de editoriales

No hace mucho recomendaba a los autores en este blog, que no se obsesionaran por publicar sus obras, y de hecho sigo aconsejándolo, pero normalmente todo llega. El autor, salvo alguna rara avis, siempre tendrá como objetivo ver publicada su obra, y antes o después dará el paso al frente necesario para conseguirlo. Lo malo es que ese paso, a menudo se da tras una situación de sentimiento de fracaso, al haber sido rechazado en multitud de editoriales o no haber ganado nunca un concurso de literatura de los cientos a los que se ha presentado.

Es ahí donde se encuentra escondido el verdadero peligro. Los libros de autoayuda nos aconsejan que no debemos tomar decisiones cuando estamos enfadados, tristes o deprimidos, porque rara vez esas decisiones traen buenas cosas, se toman sin meditar, o por desesperación, y los resultados son nefastos.

 

Autopublicar es una opción de lo más válida…

… y la recomiendo siempre y cuando el autor tenga claro que está autopublicando. ¿Qué quiero decir con eso? Pues que muchas veces (demasiadas), se juega con la ilusión (y la desesperación) de los autores y, de alguna manera, se les hace creer que hay un interés en publicar sus obras porque son buenas o van a venderse en todo el mundo, cuando lo único que buscan cierto tipo de editoriales es hacer negocio directamente con el autor, sin importarles para nada si el libro se va a vender o no. Sobre eso es sobre lo que quiero advertir, sobre ese tipo de editoriales que prometen grandes distribuciones (incluso internacionales) y que se disfrazan de editoriales tradicionales. A continuación voy a explicar algunas de esas modalidades que llevan tan a menudo a engaño. Ojo, no digo que lo que hacen sea ilegal, solo digo que no es transparente y que juegan con la ilusión de quien no ha podido publicar, lo cual me parece nefasto.


 

 

1.- Autoedición a través de una editorial: La mayoría de estas editoriales especializadas en la autopublicación del autor, ganan el dinero con la edición, no con la venta de libros posterior. Eso quiere decir que su interés comercial es captar al autor y publicar su obra cobrándole un dinero por ello. Si luego se venden los libros, mejor, pero si no se venden, tanto les da porque su objetivo mercantil ha sido cubierto desde el principio. Su cliente es el autor, no los lectores del libro. Eso es algo que hay que tener en cuenta y es más importante de lo que parece, y mucho más, teniendo en cuenta que aunque el autor es quien paga, lo normal es que se vea obligado a ceder los derechos de su obra, a menudo por plazos abusivos de tres, cinco, o hasta quince o más años. Bajo mi punto de vista es algo incompatible; si el autor es quien paga la edición, nunca debería ceder los derechos de su obra. ¿Qué sentido tiene pagarle la edición a la editorial y a la vez regalarle unos derechos sobre el libro? Eso convierte al autor en esclavo de la editorial y de su propia obra.

Esto es lo que me ha llevado a ofrecer a los autores una opción transparente a través de mi propio sello editorial EL FANTASMA DE LOS SUEÑOS. El autor se hace cargo de los gastos de edición, es cierto, pero NO CEDE LOS DERECHOS DEL LIBRO. En algunos casos incluso puede estar el libro a la venta en esta página web, incluso en la opción de impresión bajo demanda, pero como digo, nunca hay cesión de derechos de ningún tipo ni se le promete una distribución inexistente.

2.- La coedición: Término muy de moda ahora, que significa que editor y autor comparten costes de la edición —normalmente al cincuenta por ciento según se afirma por estas editoriales— pero que en realidad no existe porque lo que recibe el autor es un presupuesto hinchado al que se le ha incrementado previamente ese supuesto cincuenta por ciento que asume el editor, de manera que lo que paga el autor, pensando que es solo un cincuenta por ciento, en realidad es el ciento por ciento, o incluso más, porque también muchas de estas editoriales tienen como único cliente al autor. Debo decir que si es una editorial seria, siempre se podrán negociar las condiciones de esa coedición, e incluso en ocasiones, si la novela lo vale, la editorial podrá aceptar hacerse cargo del cien por cien de la edición, olvidándose por lo tanto del contrato de coedición. Es lo que a mí me sucedió en las novelas que me publicó ECU, pero a pesar de ese buen trato inicial, lo cierto es que también he tenido mis disgustos con los contratos, cuestión que comentaré más adelante. Se utiliza el término coedición como cebo para hacerle creer al autor que hay un interés por su novela, cuando no es cierto.

3.- Edición a cambio de la compra de ejemplares: Hay una tercera opción todavía más ruin bajo mi punto de vista, en la cual la editorial afirma con la boca llena que se hace cargo de toda la edición. ¿Dónde está el problema entonces?, se preguntará el autor. Me explicaré un poco: algunas de esas editoriales a las que me refiero pueden proponerle al autor editar quinientos ejemplares, y el autor, previa firma de contrato se compromete a comprar, digamos, trescientos ejemplares a un precio más reducido que el de P.V.P. Este método es un completo engaño. Por una parte evitan los remordimientos del autor al hacerle creer —no es que el autor se lo crea, sino que se deja engañar acallando su mala conciencia— que no se trata de una autoedición ni de una coedición, sino de una edición tradicional en toda regla, y por otro lado, al obligarlo a comprar una ingente cantidad de libros, en realidad no solo cubren sus costes, sino que ya ganan dinero. De hecho una de estas editoriales cuyo nombre no desvelaré, se puso en contacto conmigo pidiéndome un original —ni siquiera tuve que ser yo quien contactara con ellos—. Se lo envié y tardaron menos de una semana en contestar —por supuesto sin haber leído el libro—. Simplemente se limitaron a hacer un cálculo comercial en función de las páginas a imprimir, y me pasaron la fabulosa oferta. Vergonzoso, pero existe. Además, en estos casos, no solo paga el autor la edición, sino que apenas quedan doscientos ejemplares para su distribución. ¿Qué nivel de ventas se puede conseguir con eso? No es difícil llegar a la conclusión de que la distribución es ridícula, a pesar de lo cual, alguna editorial afirma que hace distribución internacional. De distribución también hablaré más adelante.

4.- El timo del misionero: Aún me atrevería a incluir una cuarta opción que va en parte en línea con la tercera: editorial X acepta editar tu novela pagando ellos los costes íntegros. La edita, pero apenas saca uno pocos ejemplares —pongamos cincuenta como ejemplo—, y los lleva a un único punto de venta bastante conocido. Se venden unos pocos ejemplares porque todos están allí concentrados y al visitante ocasional de ese establecimiento en concreto le parece que se trata de una edición enorme, y con eso a su favor, contactan con el autor para proponerle una segunda edición dado el fabuloso éxito de la primera. Segunda edición que debe pagar el autor y puede ser todo lo grande que este quiera. Por favor, no dejéis que las ilusiones os cieguen. A esta opción la he venido en llamar el timo del misionero porque así es como se conocen a las estafas mercantiles basadas en hacer varias compras a una empresa pagando religiosamente para ganarse su confianza y así, posteriormente, hacer pedidos importantes que nunca llegan a pagarse.

5.- Edición versus presentaciones: La editorial organiza al autor unas pocas presentaciones en lugares pactados, alguna de ellas en sitios completamente desconocidos. El autor es quien se tiene que preocupar del aforo tirando de sus contactos… amigos, familiares, compromisos de trabajo… ¿Qué ocurre? que a cambio el autor se compromete a vender un mínimo de cincuenta ejemplares en cada una de esas presentaciones, y si no los puede vender, que desde luego no los venderá, tiene que adquirirlos él mismo por su P.V.P., con apenas un ligero descuento. Si tenemos en cuenta que la editorial, en estos casos puede que haya editado como mucho ciento diez o ciento veinte ejemplares, está claro que amortiza toda su inversión y que incluso gana dinero con la operación aunque hagan una sola presentación y el autor se niegue a repetir la experiencia en vistas del fiasco. Esto, repetido una y otra vez con distintos autores, es el verdadero negocio de la editorial: vender libros a precio de librería a los propios autores, algo paradójico, que si no fuera tan triste, sería motivo de chanza. Y recordemos que no es fácil llenar el aforo en una presentación, es posible que en la localidad del propio autor y tirando de compromisos y llamadas telefónicas se consiga un cierto número de visitantes, pero la mayoría de las veces quedan muchas sillas vacías, y desde luego son muy pocas las presentaciones en las que se logra vender 50 libros o más.

Independientemente de los comentarios sobre la autoedición, la coedición y otras fórmulas alternativas, lo más importante es no cejar en el empeño y seguir enviando tus originales a las editoriales serias y a los agentes literarios —más adelante comentaré esto en otros artículo—. Y lo más importante: no seas autor de una sola novela. Pasado un tiempo sin publicarla, si sigues empeñado en volverla a enviar sin que tu currículo haya crecido, te considerarán un fracasado o alguien que no interesa comercialmente porque es incapaz de escribir más cosas, o un pesado que insiste una y otra vez en la misma negativa sin aportar nada nuevo. Has de seguir escribiendo una segunda y una tercera y las que hagan falta, hasta conseguir publicar algo. De ese modo irás mejorando tu estilo, la editorial te verá como alguien que puede rentabilizar comercialmente, o al menos como alguien al que hay que estudiar más de cerca. Recuerda que pocas cosas resultan más deprimentes que un autor intentando durante años y años publicar… su única obra. Es sencillamente patético. 

Una vez más: si te sientes escritor, no dejes nunca de escribir. Al igual que una sola golondrina no hace verano, una sola novela no hace novelista.

Y por último, recuerda que autoeditar no es ninguna vergüenza. Después de que se editaran algunas de mis novelas en distintas editoriales, decidí reconvertirme en novelista independiente y en la actualidad edito todas mis novelas, lo cual compagino con algún contrato eventual con editoriales como es el caso de CONFIESO que se ha editado en Italia con La Fenice, o mi novela RECUERDOS que forma parte de la Sensual Collection de novela erótica.

Si tienes algo que publicar no dudes en consultarme.

Que no te obsesione publicar

Que no te obsesione publicar

Como escritor, sé que te será difícil, pero que no te obsesione publicar. Aunque no publiques inmediatamente tu primer libro, sigue escribiendo otros.
No nos engañemos, ¿qué novelista no sueña con ver publicada su novela? Una novela que permanece en el cajón es un cadáver, o con suerte, un zombi que de tanto en tanto se sacude el polvo y puede que algunos gusanos, para que un amigo, más o menos íntimo del autor, le de un repaso para luego acabar de nuevo en su cruel y anodina tumba de madera.
Hay un axioma que no sé si lo he leído en alguna parte o me lo acabo de inventar que dice: «Una novela no existe hasta que no ha sido publicada». Pero evidentemente las editoriales no tienen capacidad, ni pueden, ni les interesa publicar todo lo que se escribe. Hemos de ser conscientes de que hay cosas que son totalmente infumables desde el punto de vista de la editorial comercial, claro que también hay muchas de esas novelas, a priori impublicables, que se editan por el simple hecho de haber sido escritas en una lengua distinta al castellano, como puede ser el catalán/valenciano, el gallego o el euskera… ¿por qué? Por el simple hecho de que durante mucho tiempo han existido subvenciones que cubrían gran parte de los costes de publicación por la única circunstancia de que con ello se difundía una lengua en concreto. Si esas subvenciones han servido para que obras que de otro modo nunca se hubieran publicado, hayan acabado en imprenta, bienvenidas sean, pero lo cierto es que yo nunca he sido partidario de la subvención de la cultura, ni de la cultura de la subvención.
La imposibilidad de que las editoriales publiquen a todos los autores puede que esté —entre otros factores— en que haya demasiados. Es mucha gente la que escribe, y la sensación es que cada vez somos más los que nos ponemos frente al ordenador para contar nuestras historias. Pero puede que eso no sea exactamente así, tal vez la sensación de que somos demasiados esté ocasionada por el hecho de que, gracias a las redes sociales nos damos cuenta de que mucha es la gente que escribe, gente de la que antes no sabíamos nada, pero no es algo nuevo, Robert Louis Stevenson ya decía en su época que: «hay una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y encima pretenden que la gente los lea y pague por ello».
No obstante, hoy en día cualquiera puede ver su obra publicada porque para eso han surgido una serie de editoriales que le cobran al autor los costes de unas ediciones de pocos ejemplares para que vean la luz. He de confesar que yo no era, hasta que decidí publicar Las voces de las hormigas, muy partidario de la autoedición, pero admito que siempre he pensado que a veces, no es que sea la mejor opción, sino que es la única que el autor tiene de ver, en cierto modo, su sueño cumplido, aunque ese sueño acabe en pesadilla económica.

En el próximo post hablaré de las distintas opciones de publicación, pero de momento recuerda: Que no te obsesione publicar y sigue escribiendo.

@lecturaderamon

@ramoncerda

Dejar reposar el texto antes de corregirlo

Dejar reposar el texto antes de corregirlo

Cuando escribas un libro, revísalo y luego deja reposar el texto antes de corregirlo. Es interesante verlo desde otra perspectiva antes de la corrección definitiva.
La primera corrección a fondo que realizo de mis libros la hago transcurrido como mínimo un mes desde su finalización, a veces incluso más, las revisiones que se hacen de forma inmediata sirven de bien poco porque uno es incapaz de ver sus propios errores y pasa sobre ellos una y otra vez sin reconocerlos. El procedimiento que sigo en este aspecto es el siguiente:

1.- Cada día, antes de ponerme a escribir, reviso sobre pantalla lo escrito el día anterior, aplicando ciertas correcciones sobre la marcha, modificaciones, ampliando, eliminando cosas, etc.

2.- Una vez terminado el primer borrador de la novela, hago una revisión inmediata de todo el texto incluyendo más correcciones y modificaciones. Esta revisión completa también la hago sobre la pantalla del ordenador, sin llegar a imprimir nada en papel.

3.- Imprimo ese primer borrador ya corregido que será el que depositaré en el Registro de Propiedad Intelectual, aunque no sea el texto definitivo que luego se publicará.

Dejar reposar el texto antes de corregirlo

4.- Luego viene ese primer reposo entre uno y dos meses para, en cierto modo, desvincularme voluntariamente de mi obra y de mis personajes, y hago otra corrección, la primera sobre el papel impreso, que da como fruto un segundo borrador. La tendencia en este punto siempre es eliminar parte del texto, además de corregir más errores. Hay autores que afirman que lo correcto es que en esa fase de la corrección se debería eliminar al menos el diez por ciento del contenido. He de ser sincero y admitir que yo elimino mucho menos. Creo que a un texto, por mucho que se revise, siempre le quedará algo por corregir o modificar. Solo he sido capaz de eliminar hasta un veinte por ciento del texto en reescrituras posteriores después de haber transcurrido más de una década desde la creación original. Ha sido el caso de La habitación de las mariposas y de El encantador de abejas, ambas novelas completamente reescritas en la actualidad y cuyas versiones originales ya no están disponibles salvo en mercadillos de segunda mano y en alguna librería olvidada.

5.- Normalmente no doy a leer lo que escribo cada día, es otro de los motivos por los que no me gustan los talleres de escritura donde a diario se leen y comentan los textos escritos, quedando excesivamente influenciados por opiniones que no siempre son mejores que las de uno mismo. Lo que leen mis primeros lectores es el primer borrador, o a veces el segundo. He de admitir que esto no es casual; en mis primeras novelas compartía los textos sobre la marcha, pero he aprendido que eso no es conveniente porque uno acaba influenciado por mil comentarios y a veces pierde su propia perspectiva de la historia queriendo «quedar bien» con todo el mundo. Ahora ya lo tengo claro: primero el novelista tiene que escribir su propia novela sin compartirla con nadie, ya habrá tiempo de cambiarla entera si es necesario. La historia es tuya y solo tú tienes derecho a completarla como mejor te plazca, y únicamente dejará de ser completamente tuya cuando los primeros lectores la lean. Poco antes de escribir la segunda versión ampliada de Quiero ser novelista, acababa de terminar mi undécima novela, la primera en la que compartía autoría: Tierra de libélulas, basada en el guion cinematográfico El desentierro, de Nacho Ruipérez. Nacho me estuvo insistiendo durante los meses en que estuve trabajando en la adaptación, en que le fuese pasando cosas escritas, borradores, descripciones de personajes, capítulos enteros… Solo le di unas pocas páginas al principio como prueba de que había comenzado el trabajo… y eso fue todo. A pesar de que la historia original era suya, ha tenido que esperar a que se terminase el primer borrador para poder leerla entera. Haberlo hecho de otro modo hubiera sido un caos y me habría influenciado más de lo que yo estaba dispuesto a dejarme influenciar, y la única manera de evitar estas cosas es guardar a buen recaudo todo lo que se va escribiendo y modificando en el día a día, hasta que la historia llega a su fin. Creo que fue Arturo Pérez Reverte quien dijo: «No pidas consejos. Unos te dirán exactamente lo que creen que deseas escuchar; y a otros, los sinceros, los apartarás de tu lado. Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto solo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente. No cualquier cosa, sino todo lo que necesitas. Con lápiz para tomar notas, estudiando trucos narrativos —los hay nobles e innobles—, personajes, ambientes, descripciones, estructura, lenguaje. Ve a ello, aunque seas el más arrogante, con rigurosa humildad profesional. Interroga las novelas de los grandes maestros, los clásicos que lo hicieron como nunca podrás hacerlo tú, y saquea en ellos cuanto necesites, sin complejos ni remordimientos. Desde Homero hasta hoy, todos lo hicieron unos con otros. Y los buenos libros están ahí para eso, a disposición del audaz: son legítimo botín de guerra».
Esos primeros lectores —cuatro o cinco nada más— a los que les entrego a cada uno de ellos un ejemplar encuadernado en gusanillo, me los devuelven con sus notas, con los errores detectados, con comentarios, sugerencias… Con todo eso elaboro el tercer borrador de mi novela que es el que envío a las editoriales —últimamente ya no envío originales a las editoriales— después de haberlo releído de nuevo y hecho nuevas modificaciones y correcciones, que como digo, siempre las hay… y siempre las habrá por muchas veces que se revise.
Si ya dispongo de una editorial dispuesta a publicarlo, será ahora el corrector de la editorial quien hará una revisión exhaustiva de la novela y me la enviará con esas correcciones a las que yo debo dar el visto bueno. Esa operación puede repetirse varias veces porque suelo incluir nuevas modificaciones que requieren otras tantas revisiones; una auténtica psicosis en busca de la perfección que nunca se alcanza. Todo hasta llegar a un texto —que nunca podemos llamar definitivo— que es el que se va a publicar después de pasar por maquetación e imprenta. Esa ha sido la táctica en las novelas publicadas por ECU-Narrativa: La habitación de las mariposas, El fantasma de los sueños, El encantador de abejas y El príncipe de las moscas. Después de El príncipe de las moscas llegó Las voces de las hormigas, momento en que decidí tomar otro camino.
Normalmente en ediciones siguientes se realizan nuevas revisiones. Concretamente en La habitación de las mariposas, el texto es el mismo en las primeras cuatro ediciones y aparece una revisión mayor a partir de la quinta, hasta que por último fue totalmente reescrita para la sexta edición. Ahora estoy trabajando en la séptima edición que posiblemente (solo posiblemente) sea la versión definitiva con un radical cambio de portada y la recuperación del que fu su primer subtítulo: Más allá de la clonación. 

Otras novelas mías —Confieso, Recuerdos, Aldea…— han sufrido revisiones más a fondo a partir de la segunda edición. En esas cosas cada novela es un mundo y sus vidas pueden ser muy distintas.

Hay autores que deciden desentenderse de sus obras una vez escritas o una vez publicadas. Tal es el caso de Alberto Vázquez-Figueroa que afirma no haber vuelto a leer nunca sus libros. Yo soy incapaz de tal cosa y cada nueva edición implica, al menos, una nueva lectura.

@lecturaderamon

@ramoncerda

Si quieres dedicarte a escribir, LEE

Si quieres dedicarte a escribir, LEE

Si quieres dedicarte a escribir, no olvides LEER, LEER, LEER…
No se trata de que debas o quieras copiar a los demás, se trata de que leer es la mejor manera de aprender a escribir. He conocido a gente que quería dedicarse a escribir y que apenas había leído unos pocos libros en su vida. Eso no es posible, o al menos yo no lo veo viable de ninguna de las maneras; es una contradicción por sí misma. Aprenderás mucho más leyendo libros que acudiendo a clases teóricas de escritura.
Personalmente creo que leí mi primer libro de los de verdad, de los «de mayores», a los ocho años; puede que antes. Se trataba de El Conde de Montecristo en tres tomos rojos encuadernados en tapa dura con inserciones doradas en las tapas, papel crema basto, reseco y oscurecido por los años, con letra pequeña, casi minúscula y sin ilustraciones, ni siquiera en la portada. Olía a polvo, todavía recuerdo ese aroma, mezcla de papel, tinta y tiempo. Era de mis padres y llevaba muchos años en casa, seguramente mucho más tiempo que yo, pero creo que fui el primero que se adentró en sus páginas. Me sumergí de inmediato y por completo en las tribulaciones del personaje principal: Edmundo Dantés, y estoy seguro de que ese libro fue la primera semilla de mi futuro novelístico. Luego seguí leyendo algunos libros de aventuras cuyos títulos no recuerdo, y sobre todo literatura juvenil, ilustrada o no, y cosas de poca enjundia. Creo que fue en 1977 cuando definitivamente me incliné por la novela contemporánea y casi todo lo que leía iba en esa línea. Los libros que más me influyeron en esa segunda época literaria de mi vida fueron Tiburón de Peter Benchley y Pelham Uno, Dos, Tres de John Godey, libros que leí en aquel verano del 77 y he releído varias veces porque para mí siempre serán fundamentales, y no porque sean ni mejores ni peores que otros, sino porque son los primeros que me impresionaron y marcaron a fuego mi alma de novelista. Actualmente yo puedo leer entre setenta y ciento cincuenta libros al año, solo alguno de los cuales calificaría de muy bueno, unos pocos no pasan de ser interesantes, y muchos son los que apenas me aportan nada, además de algunos sencillamente nefastos, pero incluso esos que no me aportan casi nada, dejan algo dentro de mí, y de todos se acaba teniendo una influencia —no siempre positiva—.

Soy de los que piensa que cuando uno escribe una novela, en esa novela siempre hay algo de los últimos cien libros leídos, alguna pincelada, alguna expresión, algún giro en uno de los personajes, una sonrisa, una lágrima, una sensación…

Si no estás dispuesto a dedicarle muchas horas a la lectura, de manera continuada, dudo mucho que tu verdadera vocación sea la de escribir. Por eso este es siempre mi primer consejo para los que me preguntan sobre qué tienen que hacer para convertirse en escritores.

No me canso de repetirlo: Si quieres dedicarte a escribir, LEE.

@lecturaderamon

@ramoncerda

Consejos básicos para escribir

Consejos básicos para escribir

«Para escribir no hay más que tres reglas, pero nadie sabe cuáles son». Somerset Maugham

Hace algún tiempo una amiga a la que conocí gracias a Facebook, me pidió que resumiera en un breve decálogo mis consejos para otros escritores. La petición me pilló un poco de sorpresa porque nunca había pensado en ello de manera analítica, y tampoco pensé que a nadie le importara mi opinión sobre el tema, pero lo cierto es que me bastaron unos minutos para mirar dentro de mí y sacar mis conclusiones al respecto. Los siguientes diez puntos son los que textualmente le remití en aquella ocasión para que los publicase en su blog: 1.- Si quieres dedicarte a escribir, no olvides LEER, LEER, LEER. 2.- Cuando escribas un libro, revísalo y luego déjalo reposar un tiempo. Es interesante verlo desde otra perspectiva antes de la corrección definitiva. 3.- Como escritor, tu meta será la de publicar, pero que no te obsesione. Aunque no publiques inmediatamente tu primer libro, sigue escribiendo otros. 4.- Nunca abandones ni dejes de escribir. Te arrepentirás. 5.- Que no te obsesionen las florituras. Escribe como eres. Ya irás mejorando tu estilo con el tiempo, pero para ello, recuerda el punto 1 de este decálogo. 6.- Acepta las críticas de tus lectores, pero no quieras cambiar cada vez que alguien te diga que no le gusta algo de lo que escribes. No pretendas conseguir el libro perfecto que les guste a todos. Ten en cuenta las críticas, pero no pienses que todo el mundo es experto menos tú. 7.- Promociona tus obras por tu cuenta. Prepara tu propia página web, hazte un perfil en Facebook y/u otras redes sociales. Publica un blog… Que no te avergüence escribir ni hablar de ello. 8.- Envía tus manuscritos a editoriales y no desesperes cuando te los devuelvan. A veces te darás cuenta de que ni siquiera se los han leído y ya te los habrán rechazado. Será frustrante solo si tú dejas que lo sea. A tal efecto mira las condiciones de las editoriales; algunas de ellas no quieren el manuscrito completo sino que quieren una sinopsis y un par de capítulos. Te parecerá una tontería —a mí siempre me lo ha parecido—, pero es la única forma de que te acepten al menos leer algo. Al final tampoco suele servir de nada, pero no dejes de intentarlo y volverlo a intentar. 9.- Preséntate también a concursos literarios aunque pienses que tus obras no alcanzan la calidad o requisitos necesarios. Precisamente en los concursos literarios siempre habrá alguien que te lea. Si no ganas, nadie sabrá que te has presentado ;-) 10.- Cada uno tiene su estilo, pero yo personalmente recomendaría que trabajaras a los personajes. Dales vida y ellos mismos te ayudarán en el desarrollo de tu novela. Acabo de releerlos y me siguen pareciendo apropiados. Creo que tuve un puntito de inspiración en el momento de redactarlos y plasmé en síntesis lo más importante. En un próximo post incluiré algunos más que escribí posteriormente, y también los iremos analizando uno por uno. @lecturaderamon @ramoncerda

Talleres de escritura

Talleres de escritura

En más de una ocasión he comentado no ser partidario de los talleres de escritura, lo cual no quiere decir que los desaconseje en todos los casos; solo matizo que en muchos de ellos, a los autores se les quiere inculcar un modo encorsetado de enfrentarse al proceso de escribir, y eso no es bueno. Se quiere dar a entender que solo hay una forma de hacer las cosas, como si el hecho de escribir una novela tuviera que seguir una norma matemática o una fórmula científica. El problema, a veces también está en quien se apunta a uno de esos talleres pensando que ahí aprenderá a escribir su novela… Está claro que se le podrán dar algunos consejos, eso es evidente (a veces buenos y otras no tan buenos), pero el asistente al taller no puede esperar salir de allí con la fórmula mágica bajo el brazo para escribir su primer superventas.

En este blog yo también me atreveré a dar mis consejos, pero insisto ya desde el principio que se trata de eso, de consejos, basados en mi experiencia personal y que no tienen por qué ser siempre válidos para todos los demás. Cada cual debe empezar a escribir desde su propia perspectiva e ir experimentando. Oír los consejos de los demás siempre será positivo si uno tiene un mínimo de espíritu crítico que le permita discernir entre lo que le interesa aplicar y lo que no. Desde esa filosofía me he embarcado en este nuevo blog. Una de las cosas que defienden muchos escritores (y numerosos talleres de escritura) es que se necesita trabajar en una estructura detallada de la novela antes de empezar a escribirla, que si el guion, que si la escaleta… que si el estudio en profundidad de los personajes… todo eso está bien, pero no es la fórmula mágica que muchos buscan. Hay otra corriente de autores (entre los que me incluyo), que no trabajan de ese modo sus novelas. ¿Es incompatible una cosa con la otra? Entiendo que no, incluso un mismo autor puede, en un momento dado escribir una novela de un modo y hacer algo radicalmente distinto en el siguiente. Lo que quiero decir es que la escaleta y el estudio de personajes no es algo imprescindible, y no solo eso, sino que a veces puede convertirse en el peor enemigo del escritor.

Dicho esto, tampoco quiero desacreditar esos métodos; métodos que pueden irle muy bien a unos… pero no a otros.

Mi consejo es que como escritor, experimentes de todas las maneras posibles hasta encontrar tu método… el tuyo y no el de los demás, como encontrarás tu estilo propio con el tiempo.

Talleres de escritura – A continuación, he extraído algo relacionado con este asunto, de mi libro Quiero ser novelista… independiente, que creo que puede interesar:

Siempre me he considerado una persona autodidacta, y todo lo que he hecho en mi vida ha sido por iniciativa propia siguiendo unos caminos que a veces otros habían abierto y recorrido antes, y a veces yo mismo los he ido abriendo o bifurcando, pero tanto en unos casos como en otros, sí que puedo decir con orgullo que los he recorrido siempre a mi manera, con mi propio bagaje, intentando llevar conmigo el menor número posible de molestos e innecesarios prejuicios. Puedo haberme equivocado, corrijo, me he equivocado en muchas ocasiones, pero he sabido rectificar, al menos tantas veces como me haya podido equivocar previamente. Soy de los que piensa que también de los errores se aprende, y de los que cree que, se aprende más tentando al destino que siguiendo pulcramente las instrucciones de los demás. ¿Quiere eso decir que desprecio a los maestros o a aquellos de los que se puede aprender? Para nada, si fuese así tampoco estaría escribiendo este libro. Creo que las experiencias de los demás nos pueden ser muy útiles y nos pueden ahorrar mucho trabajo, pero en esto hay que tener un gran cuidado, porque si nos limitamos a seguir el camino abierto por otros, nunca descubriremos nada nuevo y el mundo detendrá su evolución. 

Alguien dijo una vez: «si únicamente sigues el camino trazado, solo llegarás a donde otros ya han estado».

Todos tenemos la obligación de curiosear a nuestro alrededor, de buscar puertas olvidadas o atrancadas, de abrirlas o incluso forzarlas, y ojear en el otro lado, de atrevernos a experimentar y de poder analizar todo eso para seguir evolucionando como personas. En otras palabras y como dijo alguien hace mucho tiempo: «si te dan papel pautado, escribe por el otro lado».

Tampoco quiero decir con todo esto que no vea útiles, hablando del mundo literario, los talleres de escritura, aunque yo nunca he participado en ninguno ni tengo previsto hacerlo en el futuro. Personalmente soy de experimentación y praxis, y no me gustan las teorías, no me gusta verme limitado, y siguiendo esa vena autodidacta que me inquieta, he preferido lanzarme al ruedo como espontáneo antes que como torero; no sé si al final tendré que comprarme el traje de luces o no, pero de cualquier modo, habré toreado, y discúlpenme por el símil los antitaurinos, pero es el primero que me ha venido a la cabeza.

Así que ahora, apenas comenzado el libro, llega el primer desengaño para el lector: no voy a hablar de los talleres de escritura en este libro. Solo decir que existen, que puedes buscarlos por internet y puedes participar en tantos como quieras, y posiblemente aprendas mucho de ellos, unos son gratuitos y otros no. Unos consejos al respecto: 

1.- No creas todo lo que te digan en ellos.

2.- No permitas que limiten tu imaginación ni tu forma de ver lo que puedes plasmar en un libro escrito por ti. 

3.- Experimenta por tu cuenta, no te dejes encorsetar ni permitas que apaguen tu imaginación, sería un error que podría no tener marcha atrás.

Personalmente pienso que un novelista —permíteme que a lo largo del texto utilice este término como sinónimo de escritor— no se fabrica, por supuesto puede y debe mejorar con el tiempo, pero es algo que uno lleva implantado en algún oscuro rincón del cerebro a modo de un chip de iridio de origen alienígena desconocido, y creo que se nace con ello, lo que ocurre es que uno a veces tarda años en darse cuenta de que lleva dentro de él ese minúsculo implante que le permitirá crear sus propias historias y compartirlas con el resto del mundo. Pero si eso no está dentro de ti, aunque esté muy escondido y sea minúsculo, ningún taller de escritura podrá dártelo. Es algo que no se puede comprar ni regalar.

¿Te he desanimado con mis palabras? Espero que no. Si tienes la inquietud de escribir es porque de un modo u otro esa semilla ya está en tu interior —supongo—, solo debes dejar que aflore, buscarla si es necesario. Seguro que ese maldito chip lo tienes escondido por alguna parte. Escarba hasta encontrarlo.

@lecturaderamon

@ramoncerda